Psicología Martes 11 de Setiembre

Subjetividad en tiempos de neoliberalismo.

Juan Cruz Pistilli. Psicólogo, Psicoanalista

Vivimos en una sociedad positiva que no admite sufrimiento ni dolor solo éxito sin miramientos

Asistimos a la construcción de una subjetividad que se explota así misma y que se cree en libertad, como el pez que cree que la pecera es el universo.

El neoliberalismo fabrica una subjetividad despojada de su carácter histórico, trazada por el imperio de la fragmentación y la velocidad, lanzada a una felicidad exacta, un sujeto que marcha raudo tras la zanahoria del éxito perfecto.

Opera a través de una urdimbre simbólica que organiza sentidos, naturaliza y legitima las ideas dominantes.

De sus instrumentos cruciales, los medios de comunicación ocupan un lugar estratégico y trascendental; configuran la realidad y maniobran sobre las subjetividades elaborando y manipulando sentidos y saberes que funcionan como verdades y que por efecto identificatorio, se transforman en opinión pública. Bajo el ardid de que registran de manera objetiva una aparente realidad exterior que se representa en forma neutra, cristalina y fiel. Así, por ejemplo, mediante un juego de énfasis y omisiones moldean las circunstancias que quieren publicar, se nos orienta en el consumo, se nos proporcionan héroes y mártires, empatías y aversiones, etc.

Este y otros dispositivos, operando en sintonía, contribuyen a la construcción de un sujeto que, seducido por un poder inteligente, nos hace repensar la frase de George Orwell: “Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, imagínate una bota aplastando un rostro humano… incesantemente”. Hoy la bota es también la edificación de grandes consensos, columna vertebral del denominado “sentido común”. Hoy la bota que nos aplasta es entrañable, cordial e intima.

Es así como arrojan al centro de la escena la noción de “meritocracia”, presentación cínica cuando se la arroja, desprovista de las condiciones históricas, económicas, políticas y sociales. Como si el esfuerzo fuero un atributo puro, desunido de estas referencias. Se culpabiliza e injuria con la contraseña: “cada uno tiene lo que merece”, desconociendo un contexto atiborrado de asimetrías, infamias e injusticias.

La incidencia en el individuo

Construcción imposible, patológicamente frustrante, cuyas consecuencias se presentan a diario en la clínica; epidemias de depresión, consumo atolondrado de fármacos, la asunción como falencia propia de aquello que genera el estragante sistema de coacción neoliberal.

Ya nada puede sustraerse a esta noche que se cierne sutil sobre el sujeto y lo modifica. El capital no ha dejado nada sin colonizar. Es minucioso en la edificación de consensos que velan el proceso de coacción. La estructura coercitiva del método neoliberal se disimula detrás de la ilusoria autonomía del individuo.

El individuo del rendimiento, competitivo y suspicaz, se impone sobre el modelo colectivo y solidario. El otro es un antagonista que disputa mis objetivos y el recelo y la sospecha domina los vínculos humanos. Abundan las asociaciones efímeras y provisorias en función de metas comunes, las cuales una vez extinguidas, recelos y prevenciones se revitalizan.

El individuo del rendimiento, competitivo y suspicaz, se impone sobre el modelo colectivo y solidario

Nos dice el ensayista surcoreano Byung-Chul Han; ya no hay sometimiento a la explotación ajena, hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo. Me auto exploto, pero creo que me realizo y no aparece la sensación de alienación. El sujeto del rendimiento se optimiza hasta morir y en ese viaje lo acompaña la sensación de libertad. El poder inteligente ejerce más la seducción que la prohibición, halaga a la psique en vez de reprimirla. Este ensayista plantea que se trata de una técnica de poder que no niega ni reprime nuestra libertad, sino que la explota.

En el marco de un exceso de positividad, en un modelo de sociedad que bien podría ser representada por el célebre slogan: “si, se puede”, una sociedad positiva que no admite sufrimiento ni dolor solo éxito sin miramientos. A través de estas arengas, la industria de la motivación nos dice que todo depende de nuestra actitud y habilidad. Nuestra voluntad positiva cebada por talleres de entusiasmo, expertos en felicidad, y gurúes espirituales al estilo Ravi sahnkar, puede más allá del contexto social que habite. De no lograrse el éxito y la felicidad solo se debe a la propia culpa, al sospechoso conformismo, a la impericia de decidir mal y carecer de merito. Entonces debo enfocar en cambiar de actitud desde un paradigma individualista radical y no desde una alternativa colectiva, pensar y obrar sobre el mundo que me rodea y del cual formo parte. Proceso que solo puede parir legiones de fracasados, panicosos, agotados, depresivos, estresados, etc.

El sujeto neoliberal bajo el imperativo de la rentabilidad, la competencia feral y continua es acechado y devastado por la frustración que el mismo sistema impone. El “mal” ya no procede del exterior más o menos nítido, frente al cual se podían intentar resistencias, ahora la violencia destruye desde el propio individuo.

En este territorio vencido; emancipación parece una palabra vaga y remota, darle consistencia es nuestro desafío. 

 


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