Recursos Humanos Jueves 09 de Enero

Crisis, pymes y estrés

Dra. CP Alicia S. Nebbia - Consultora Organizacional

Trabajar en equipo, redoblar el cuidado de la salud, tener una actitud positiva son algunas claves para no caer en la epidemia del Siglo XXI

Nadie puede ignorar la gran presión que están sufriendo los empresarios pymes y todo su equipo de trabajo en la crisis actual 

Para preservarse de problemas de salud que disminuirían increíblemente la calidad de vida de todos ellos, recomendamos leer todo lo publicado por el Dr. Daniel López Rosetti, y en especial en su libro ESTRÉS: Epidemia del Siglo XXI, editorial Lumen que ya va por su VII edición. Y también visitar la página WEB de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés (SAMES) reconocida internacionalmente. 

El autor nos hace reflexionar acerca de que nuestra sociedad occidental, en particular en sus grandes núcleos urbanos, vive sometida a tensiones. El ansia legítima de progreso, la lucha por el cargo ambicionado, la crisis de valores afectivos y familiares, la injusta supervivencia de los conflictos armados, la inseguridad en las calles, el enloquecido tránsito, entre otros muchos, son factores desencadenantes de la “epidemia del tercer milenio”. Es decir: el estrés.    

En este entorno caótico se encuentran nuestras pymes, atravesando además una nueva crisis profunda en nuestro país. La mayoría de sus líderes redoblan la apuesta de esfuerzo, sacrificio, tiempo dedicado, preocupación constante por sobrevivir y por convivir con un equipo que también está atravesado por una emoción totalmente negativa: EL MIEDO. Y esta emoción, sumada a situaciones de origen interno como frustraciones personales, necesidades crecientes a satisfacer, ambiciones, soledad en el puesto de dirección o gestión, ansiedad permanente, expectativas, tanto en el hogar como en la empresa, constituyen los ESTRESORES o amenazas que pueden desencadenar el mecanismo del ESTRÉS, sumadas a las causas de origen externo o social: pareja, familia, empleados, jefes, relaciones con clientes, proveedores, el Estado, las presiones económica, las situaciones de inseguridad crecientes y las relaciones interpersonales tóxicas entre otras. 

En la introducción de dicho libro, el Dr. López Rosetti expresa que mucho antes de que una enfermedad se declare, se manifiestan un sinnúmero de alteraciones que atentan contra nuestro bienestar y calidad de vida. La disminución de nuestra capacidad de concentración,  memoria, creatividad, energía, cansancio y la depresión, entre otros, son los estadios iniciales que, en caso de progresar, terminan con cuadros más importantes que nutren los consultorios médicos. 

       La cadena del estrés está compuesta por cuatro eslabones:

1)      la percepción

2)      las conductas y hábitos

3)      los síntomas físicos y psicológicos

4)       las enfermedades.

Cuando nosotros, como consultores externos, observamos que nuestros clientes y su personal están cautivos en esta cadena del ESTRÉS tratamos de ayudarlos recomendándoles, desde nuestro lugar,  que sean conscientes de estos procesos; que tomen precauciones inmediatas ni bien sientan las percepciones; que trabajen las horas necesarias para la función y no demasiadas porque eso no conduce a ninguna solución.  

La desesperación, el miedo, el aumento de la actividad repetitiva, la soledad en este escenario y todo lo expresado anteriormente, no nos ayudan para nada con el aspecto estratégico de las pymes sometidas a mucha incertidumbre y caos.

 ¿Qué se le puede recomendar a los empresarios pymes y a sus colaboradores? 

·         Ante todo no estar solo en esta situación, formar grupo de trabajo y/o de crisis, con quienes compartir acciones, decisiones, preocupaciones y medidas a tomar: trabajar en equipo constantemente valorando el aporte de todos. 

·         Redoblar el cuidado de la salud de acuerdo a lo que aconseje el médico que lo atiende desde siempre y quien lo conoce muy bien, para ayudarlo a prevenir futuros desenlaces en su salud que pueden llegar a ser irreversibles. 

·         Redoblar los momentos compartidos con la familia y con buenos afectos: estos momentos no tienen sustituto. No hay nada que valga más que la compañía y la presencia de los seres queridos en momentos difíciles, tanto familia como amigos verdaderos.

·         Ejercicio físico adecuado a cada persona, a su edad,  a sus costumbres y a su entorno. Todas las opciones son válidas siempre y cuando sean positivas para la salud y el estado de ánimo, así como para poder conciliar el sueño y descansar efectivamente sin recurrir a psicofármacos.

·         Cuidar la buena alimentación y el descanso adecuado para cada uno haciendo cada varias horas un intervalo para alivianar la cabeza y/o el esfuerzo físico. Esto es otro aspecto vital que depende de cada individuo y su forma de vida pero que debe obedecer a prácticas sanas de cuidado personal.

·         Ver la realidad que nos rodea con la mejor actitud positiva que se pueda. Tratar de que el miedo no haga peor las cosas de lo que realmente son y tratar de ser lo más objetivo posible en el análisis de cada problema en particular sin caer en generalizaciones negativas.

·         Buscar ayuda especializada para transitar estos caminos: profesionales de la salud, consultores, terapeutas, etc. de acuerdo a las posibilidades de cada uno, pero no dejar de contar con profesionales que puedan acompañar estos delicados procesos. 

·         Cambiar las actitudes negativas que incrementan el estrés: la queja constante, el perder confianza en sí mismo, en estar muy pendiente de las noticias durante todo el día, en relacionarse con personas tóxicas y con generadores de mayor miedo o preocupación.

·         Cuidar el clima organizacional en la empresa. El lugar donde todos conviven para trabajar en distintas funciones tiene que ser un espacio tranquilizador para que cada uno desempeñe productivamente su tarea, con la mayor eficiencia posible y con la mejor optimización de los recursos disponibles.

·         Solicitar una actitud adecuada en todos los colaboradores y ayudarlos en comprender  a ellos también los puntos arriba mencionados, para que estén en buenas condiciones de seguir empujando el barco para que no se hunda.

·         Conocerse mejor a sí mismo y detectar las propias fortalezas y debilidades en todos los puestos. Tener confianza en los conocimientos adquiridos, en la experiencia y en una forma sana de convivencia laboral.

·         Leer material adecuado y asistir a charlas, conferencias, enseñanzas y espacios de formación para luchar contra este flagelo del siglo XXI.

·         No tener miedo de reconocer ser víctima de estas situaciones que no necesariamente hacen perder la autoridad y la autoestima, sino todo lo contrario, ponen de manifiesto la necesidad de buscar ayuda y aliados para formar una red de contención y contar con mayor energía y disposición  para tomar decisiones.

 

Los argentinos hemos sobrevivido a muchos períodos de crisis y turbulencias. Con mayor o menor grado de dificultades pudimos enfrentarlas para sostener las organizaciones que generan la mayor fuente de empleo a la población y por lo cual se merecen EL MAYOR DE LOS CUIDADOS entre todos y para todos. Si se comenten errores en este proceso, que sean solo una fuente más de aprendizaje y no un camino para el reproche o el castigo. Y por último no perder la ESPERANZA EN UN MAÑANA MEJOR.

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