Educación Miércoles 28 de Octubre

La urgencia de educar en la gestión de la información

Juan Pablo Viola - Docente e investigador en la Universidad Católica de Santa Fe.

Tenemos derecho a informarnos y a generar información, pero también tenemos el deber de aprender a hacerlo con responsabilidad.

No digo nada nuevo si afirmo que estamos atravesando unas circunstancias de grave crisis a nivel local, nacional y mundial. Pero esta crisis, en mi opinión, no se reduce sólo a una cuestión de pandemia. Se ha disparado a partir de un tema de salud pública, pero al día de hoy afecta todos los aspectos de la vida social. En este artículo me propongo reflexionar sobre un tema educativo a propósito de esta crisis: la cuestión fundamental de enseñar a gestionar la información, tanto la que recibimos, como la que producimos o reproducimos.

Es un hecho ya bastante comentado que la epidemia mundial del COVID-19 ha hecho circular un gran número de “noticias”, datos y estadísticas provenientes de medios no fiables de los que muchos se han hecho eco de modo irreflexivo. ¿Es esta una conducta adecuada?

El tema es amplísimo pero algunos números ponen en evidencia la complejidad del asunto:

  • 1 de cada 3 personas mira el celular o teléfono móvil más de 100 veces al día, lo que significa que nuestros ojos se posan en él una media de 1 vez cada 10 minutos sin contar las horas de sueño.
  • El 25% de los menores de 25 años lo hace una media de 150 veces al día (1 vez cada 7 minutos).
  • El 95% de las personas está como mínimo en un grupo de WhatsApp y un tercio tiene de 5 a 10 grupos.
  • Un 40% de los menores de 25 años tiene más de 10 grupos.

Esto lo han denominado algunos especialistas “hiperconexión”.

Con estos argumentos queda puesto en evidencia que debemos aprender a gestionar prudentemente nuestro uso de las tecnologías informativas. El razonamiento es, en mi opinión, simple: si no lo hacemos, todos corremos serios riesgos, mucho más los adolescentes y jóvenes.

LOS ALCANCES DE UNA FAKE NEWS

En diciembre del año 2018, en la ciudad de Bariloche, un joven de 18 años se suicidó al viralizarse por una red social una denuncia falsa en su contra. La persona que publicó en Instagram el hecho que nunca sucedió, no previó el alcance incontrolado de la fake news y el joven tomó la peor decisión. La responsabilidad por el fallecimiento del muchacho, desde mi punto de vista, no sólo fue de la persona que generó la información, sino también de aquellos que la reenviaron sin chequear su veracidad.

Conviene en este punto de la argumentación aclarar que educar en esto no sólo es una cuestión moral, sino, sobre todo, una cuestión de inteligencia práctica y prudencia. En este sentido, me atrevería a afirmar que postear una noticia sin constatar su fuente es una falta civil grave. Hacerse eco de teorías conspiranoicas inescrupulosas se acerca, a mi criterio, a una contravención. Tenemos derecho a informarnos y a generar información, pero también tenemos el deber de aprender a hacerlo con responsabilidad.

Un último concepto. Hay en el uso de la información por parte de la gente común una sensación de anonimato, que lleva a algunos a apretar el botón de “reenviar” sin pensar en las consecuencias de tal acción. Hay también creadores de contenido falso, que actúan con mala intención pero también con astucia, apelando a la sensibilidad de los receptores de esos contenidos, para lograr que su ponzoña se viralice. Las autoridades civiles, los padres y los docentes estamos llamados a ser los primeros agentes de cambio en la gestión criteriosa de la información que hace la comunidad en la que vivimos, empezando por aquellos que están bajo nuestra tutela.

*Doctor en Filosofía (UNAV, España), Profesor en Filosofía (UCSF)


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