Clínica Médica Martes 30 de Julio

Tomar más agua ¿Es realmente necesario?

Dr. Luis Ignacio Martinez Amezaga. Médico - Especialista en Clínica Médica – Sanatorio Americano

El déficit o exceso puede llegar a ser negativo.

Son indiscutibles los beneficios de mantener una adecuada hidratación. Después de todo, nuestro cuerpo está formado en su mayor parte por agua y es el lugar donde se llevan a cabo las reacciones químicas que nos mantienen vivos. Sin embargo, un adulto sano ¿debe obligarse a beber más agua de la que su sed le indica? “Usted no toma suficiente agua, tome más”, es un mensaje masificado por muchos medios de comunicación, organizaciones internacionales, empresas y médicos.

Pero este mensaje no es tan inocente ni tan saludable. La Dra. Margaret McCartney publicó en el British Medical Journal, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, una extensiva revisión sobre la falta de evidencia científica que existe a favor de la indicación del “litro y medio – dos litros de agua por día” y los posibles daños físicos y psicológicos de presionar a todas las personas, incluso niños y adolescentes, a ingerir más agua. Además, realiza una grave denuncia, enfatizando que muchas de las campañas y trabajos científicos que sugieren (con muchos sesgos) que este tipo de hidratación sistemática es beneficiosa, están esponsorizadas por empresas de agua embotellada. “Hay muchas organizaciones con intereses creados, que les gustaría decirle a los médicos y pacientes qué hacer. Nosotros deberíamos decir simplemente que no”,  concluye la doctora.

¿Cuánta agua realmente necesitamos?

Lo cierto es que los requerimientos de agua varían con la edad, el sexo, la actividad física, el tamaño corporal, el clima local, entre otros. No es sensato promover una ingesta de agua fija y masificar esta indicación a todos. Múltiples publicaciones de la Organización Mundial de la Salud muestran tablas para calcular el valor exacto de agua (en mililitros por kilo de peso por día) adecuada para un individuo. Esto puede ser útil para promover políticas de salud en poblaciones con acceso inadecuado al agua potable, quienes están en riesgo constante de deshidratación. Sin embargo, es cuestionable la utilidad de someter a cada individuo sano, en nuestro medio, a un cálculo minucioso para determinar cuánta agua debe incorporar por día.

¿Cómo regulamos el agua que bebemos?

Existe una parte de nuestro cerebro, llamado hipotálamo, el cual tiene un origen muy arcaico en nuestra evolución y sus núcleos coordinan conductas esenciales vinculadas con nuestra supervivencia: como el hambre, la regulación de la temperatura, el sueño y la sed, entre otros. El hipotálamo responde ante cambios de “concentración” (osmolaridad) de la sangre, generando más sensación de sed o suprimiéndola. “El control de la hidratación es uno de los sistemas más complejos que hemos desarrollado en la evolución, desde que nuestros ancestros se arrastraron del mar a la tierra. Tenemos una gran cantidad de técnicas sofisticadas que utilizamos para mantener la hidratación adecuada ", dice Irwin Rosenburg, científico principal del Laboratorio de Neurociencia y Envejecimiento de la Universidad de Tufts en Massachusetts.

Lo cierto es que los requerimientos de agua varían con la edad, el sexo, la actividad física, el tamaño corporal, el clima local, entre otros. No es sensato promover una ingesta de agua fija y masificar esta indicación a todos

Sabiendo esto, nuevamente me pregunto ¿Por qué un adulto sano debería desconfiar de un sistema que nos ha ayudado a mantenernos vivos por millones de años? ¿Por qué debería beber más agua de la que su sed le pide para alcanzar a un rígido número de litros por día?

Alcanzar las necesidades diarias

El 70% de las necesidades diarias de agua las cubrimos con las bebidas que tomamos, (infusiones, bebidas suaves, leche) y con las comidas que ingerimos. Para alcanzar el 30% restante de fluidos, un adulto sano debería esperar a esa señal que se llama “sed”. Las bebidas con cafeína o derivados, como el café (o el mate en nuestro medio), o aquellas que contienen moderadas cantidades de alcohol: ¿Generan deshidratación? Expertos de la Universidad de Harvard afirman que esto es un mito. Al tomar agua pura uno no puede equivocarse, pero todas las bebidas que contienen agua contribuyen a las necesidades diarias. Es cierto que las bebidas con cafeína o derivados y/o alcohol tienen un efecto diurético leve (aumentan el volumen de orina), pero a lo largo del día, el agua de estas bebidas conduce al consumo total de líquidos con una contribución neta positiva.

¿Son eficaces las bebidas deportivas?

A pesar que los fabricantes se esfuerzan por convencer a las personas activas que las bebidas deportivas previenen la deshidratación, la evidencia científica, incluso para los atletas, es controvertida. Además, estas bebidas contienen azúcar, saborizantes y minerales como el sodio y el potasio que, en algunas condiciones médicas, puede ser perjudicial. ¿Esto se aplica también para los atletas? Todos los años atletas de maratones mueren a lo largo del mundo como consecuencia de la deshidratación, pero también por encefalopatía hiponatrémica por el consumo excesivo de agua o bebidas deportivas. Esto ha dado lugar a interesantes debates de las sociedades médicas y científicas, los cuales se han reflejado en el hecho que, en los últimos años, las recomendaciones con respecto a la hidratación durante el ejercicio, son cada vez más restrictivas.

Factores médicos a tener en cuenta

Algunas personas deben ser más conscientes del consumo de líquidos. Por ejemplo, los adultos mayores tienen una disminución de la sensación de la sed por lo que son más propensos a la deshidratación. Asimismo, aquellos con tendencia a formar cálculos renales deben beber mayores cantidades de agua para prevenirlos. Los que toman antiinflamatorios, como Ibuprofeno o diclofenac, deberían consumir mayor cantidad de líquidos para prevenir el daño renal. Asimismo, tener sed constantemente a pesar de incorporar grandes cantidades de líquidos puede ser la manifestación de una enfermedad.

Demasiada agua también puede ser un problema. Las personas con insuficiencia cardíaca deben observar cuánto beben para evitar la acumulación de líquido en los pulmones. De la misma forma, las personas con disminución en su función renal también podrían sobrecargarse si beben demasiada agua.

Si cree que su ingesta de agua no es la adecuada, pida consejo a su Médico Clínico de cabecera, ya que la misma debe adaptarse al individuo y tanto su déficit como su exceso pueden tener efectos negativos.


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