Endocrinología Jueves 08 de Junio

Esteatosis hepática: ¿simple presencia de grasa en hígado?

Dra. Estefania Pustilnik - Especialista en Clínica Médica y Endocrinología. Sanatorio Americano

Una patología que afecta a gran parte de la población. Una alimentación sana y el ejercicio físico regular son las principales armas para combatirla

El hígado graso no alcohólico se debe a la acumulación de gran cantidad de grasa en dicho órgano en ausencia de un consumo significativo de alcohol. Abarca un amplio rango de compromiso desde el simple depósito graso (hígado graso o esteatosis hepática) hasta una etapa de inflamación y fibrosis (esteatohepatitis) que puede evolucionar, en algunos casos, a cirrosis y falla hepática.

Su prevalencia a nivel mundial se calcula entre 6,3% y 33% en población general.

Habitualmente se asocia a obesidad, diabetes mellitus tipo II o síndrome metabólico (elevación de cifras de glicemia y/o triglicéridos, elevación de cifras de presión arterial, descenso del nivel de cHDL, sobrepeso/obesidad y/o aumento del perímetro de cintura). Particularmente, en este caso existe un aumento del riesgo de padecer eventos cardiovasculares (principalmente infarto de miocardio o enfermedad cerebrovascular).

En nuestro país, según la Tercera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo 2013 realizada en personas mayores de 18 años, la prevalencia de baja actividad física era de 54,7%; sobrepeso 37,1%; obesidad 20,8% y 9,8% diabetes mellitus tipo II. Podemos deducir entonces que una considerable proporción de nuestra población está en riesgo.

Su desarrollo está relacionado, además de con factores genéticos y ambientales, con una ingesta calórica excesiva de azúcares simples (glucosa y fructosa) que se transforman en el hígado en ácidos grasos, a los que se suman los provenientes del tejido adiposo corporal. Cuando estos ácidos grasos hepáticos están en exceso, se transforman en tóxicos y pueden llevar a daño, inflamación, muerte celular y fibrosis del órgano. Estas etapas pueden ser correlativas unas con otras, particularmente si continúa la ganancia de peso.

La falta de actividad física (sedentarismo) es otro elemento clave para su desarrollo.

UNA ALIMENTACIÓN SALUDABLE

El principio fundamental del tratamiento es no farmacológico y radica en cambios en el estilo de vida, intentando mantener una alimentación equilibrada, variada y saludable.

Se aconseja:

  • Reducir la cantidad total de calorías de la mano de porciones más pequeñas.

  • Evitar frituras, embutidos, alimentos/bebidas azucaradas o comida “rápida”.

  • Un moderado consumo de lácteos descremados y pescados, reducido de carnes rojas.

  • Favorecer un aporte razonable de alimentos ricos en cereales enteros, verduras, frutas, nueces y el uso del aceite de oliva; todo lo cual aporta fibras, minerales, vitaminas y ácidos grasos buenos.

En relación a esto, y citando nuevamente la Tercera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo 2013, los argentinos consumimos un promedio de 1,9 porciones de frutas/verduras por persona/día cuando lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud es de 5; lo cual ocurre solo en el 4,9% de nuestra población.

Se ha jerarquizado el rol que tiene el horario en que se realiza la ingesta. Ésta actuaría como una señal para el hígado favoreciendo en ciertos casos la obesidad, esteatosis o inflamación. Por ello convendrían ingestas fraccionadas preferiblemente entre la mañana (4 am-10 am) y el mediodía (10 am-4 pm), evitando así grandes comidas nocturnas. 

LA IMPORTANCIA DE LA ACTIVIDAD FÍSICA

El ejercicio físico regular, aunque no se acompañe de una pérdida evidente de peso, o la reducción de éste entre 3-5% del peso corporal total, se ha vinculado a mejoría en el depósito graso. Pero se requiere una pérdida mayor al 7% para intentar contrarrestar el daño celular y la inflamación. Esta mejoría en la inflamación está linealmente vinculada a una mejora en la fibrosis, previniendo así la progresión a cirrosis. Una vez desarrollada, ésta última no es reversible.

Se aconsejan entre 20 a 60 minutos de ejercicio aeróbico (caminata, bicicleta, natación) de moderada intensidad (habilidad de realizar el ejercicio y hablar sin jadear) 5 veces a la semana y/o ejercicios de resistencia (bandas elásticas, pesas libres, máquinas para levantar pesas) de moderada/alta intensidad 3 veces por semana. Siempre debe incorporarse el ejercicio de manera progresiva y preferentemente luego de una evaluación médica general.

Como se mencionara anteriormente, no existe una única terapia que revierta los diferentes grados de inflamación en todos los pacientes. Actualmente existen algunos fármacos promisorios que colaborarían en la mejoría del cuadro.

Por lo tanto es un traje a medida debiendo seleccionarse opciones según el contexto, condición y característica del individuo.

A medida que la epidemia global de obesidad asciende también lo hacen las enfermedades metabólicas, entre ellas el hígado graso no alcohólico como una de sus consecuencias.

La mejor herramienta disponible es segura y está al alcance de todos. Simples modificaciones de la cantidad, calidad, composición y distribución de nuestra comida asociada a ejercicio físico regular es en sí la principal terapéutica para el hígado graso, y quizás más importante aún evite o disminuya la incidencia del mismo.

Cifras alarmantes

Según la Tercera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo realizada en Argentina en 2013:

  • 54,7 % de las personas realizan poca o ninguna actividad física

  • 37,1 % tiene sobrepeso

  • 20,8 % tienen obesidad

  • 9,8 % pacede diabetes mellitus tipo II 

 


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