Pediatría Miércoles 30 de Diciembre

Fotoeducación: Prevención del daño solar en niños y adolescentes

Dra. Laura Luna. Dermatóloga pediátrica. Sanatorio de Niños

¿Qué sabemos del sol y sus cuidados? ¿Cómo elegir el protector adecuado?¿Cómo lograr una exposición saludable?

Después de meses de  confinamiento,  comenzamos de a poco a salir y exponernos al sol. Es el momento de cuidarnos y cuidar de ellos, los más pequeños de la familia. El verano está comenzando, y si bien debemos  protegernos del sol todos los días del año, es aún más importante durante esta época cuando los días son más largos, la radiación ultravioleta es mayor y es más fácil pasar más tiempo al aire libre. Pero, ¿qué sabemos del sol y sus cuidados?

El sol es imprescindible para la vida y tiene efectos muy beneficiosos sobre el organismo. Es sabido desde siempre que el sol es fuente de vida. Sin él no podrían sobrevivir ni los animales ni las plantas. En relación al metabolismo humano, tiene efectos muy beneficiosos sobre el organismo al estimular la formación de Vitamina  D.

El sol emite diferentes tipos de radiaciones, entre las que hay que destacar los rayos ultravioletas y los infrarrojos, responsables de efectos beneficiosos y perjudiciales sobre la piel. Existen dos tipos de radiaciones ultravioletas que llegan hasta la superficie de la piel, las B (UVB) caracterizadas por una longitud de onda entre 290 y 320 nm y las A (UVA) con una longitud de onda entre 320 y 400 nm. Las UVB son las radiaciones de mayor energía pero penetran poco en la piel. Las UVA poseen menor energía, pero lo hacen más profundamente.

La cantidad de UVB y UVA que llega a la tierra depende de la estación del año, la hora del día, la polución, las nubes, la altitud, la latitud y el espesor de la capa de ozono. Las radiaciones infrarrojas, con una longitud de onda superior a 760 nm, produce un efecto calórico y pueden potenciar los efectos negativos de las UVB y UVA. Por lo tanto UVB y UVA son igualmente importantes en el desarrollo de daño solar, cáncer melanoma y no melanoma y en otro tipo de enfermedades fotoinducidas de la piel.

Los cambios que producen las UVA y UVB en la piel pueden ser agudos o crónicos. Dentro de los agudos encontramos la inflamación (eritema), pigmentación (bronceado) daño del ADN (mutaciones), alteraciones del sistema inmunitario. Los efectos crónicos llevan al fotoenvejecimiento , fotocarcinogénesis y alteraciones oculares.

La sensibilidad al sol y la reacción de cada individuo a las RUV dependen del fototipo, es decir, de su pigmentación o capacidad de bronceado y quemadura solar.

¿CÓMO PROTEGERNOS?

Para protegernos de todos estos efectos adversos producidos por las radiaciones ultravioletas se han desarrollado productos de uso externos, llamados protectores solares o fotoprotectores.

Los protectores solares son compuestos que absorben, bloquean o reflejan la RUV, evitando así que lleguen a la piel. El factor de protección solar (FPS) es la medida de capacidad que tiene un bloqueador solar para evitar que los rayos solares dañen nuestra piel. En términos de porcentaje podemos decir que un FPS 15 filtra aproximadamente el 93% de las RUV, un FPS 30 filtra el 97% y un FPS 50 filtra el 99%.

Los protectores solares nos protegen de los daños agudos y crónicos si son usados en forma regular durante todo el año en todas las actividades al aire libre. Su efectividad depende de su forma de aplicación (20 a 30 minutos antes de la exposición en cantidad de 2mg/cm 2).

Según su presentación debemos elegir los que más se adapten al tipo de piel, podemos optar por cremas, spray cremosos, aerosoles, geles, lociones o protectores toque seco para adolescentes con pieles acneicas.

Entonces, ya conociendo los efectos nocivos del sol existen medidas recomendadas de protección solar para niños y adolescentes:

  • No exponer al sol directo a niños menores de 1 año.
  • Evitar la exposición entre las 10 y las 16 horas (recordar: “ Sombra Corta- Riesgo Alto”)
  • Buscar lugares con sombra: sombrillas, techados, árboles etc.
  • Usar ropa adecuada: holgada, clara, fresca y de trama lo más cerrada posible, mangas y pantalones largos. Cubrir la cabeza con sombreros, gorras con viseras, pañuelos.
  • Tener especial cuidado en las superficies que reflejen los rayos solares como el cemento, la arena, el agua, la nieve o superficies brillantes y recordar la protección en días nublados ya que la radiación solar atraviesa las nubes.
  • Usar anteojos que bloqueen las radiaciones.
  • Se recomienda siempre el uso de protectores solares, el factor de protección (FPS) no debe ser menor de 30, en los niños que pasan horas jugando al sol lo ideal son protectores solares con FPS 50. Aumentar protección usando ropa con FPS.
  • No se recomienda el uso de protectores solares en niños menores de 6 meses y por lo tanto no se los debe exponer al sol.
  • Aplicar el protector por lo menos 20-30 minutos antes de la exposición y se debe renovar su aplicación cada 2 horas cuando la piel está seca o cada vez que se sale del agua o se frota o limpia una zona. No olvidarse de las orejas, el cuello, el dorso de manos y pies que son zonas muy expuestas. Usar protección para labios.
  • En caso de necesitar la colocación de repelente, colocar primero el protector solar y después el repelente.

Es importante recordar que el bronceado no es un estado normal de la piel, sino un mecanismo de defensa que tiene la misma para disminuir el daño ante nuevas exposiciones y que este daño es acumulativo. La mayor exposición solar (85%) se produce en las primeras décadas de la vida y por lo tanto es muy importante cuidar la piel del niño para proteger su salud a futuro.


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