Psicología Martes 17 de Octubre

Apuntes sobre la libertad

Juan Cruz Pistilli. Psicólogo, Psicoanalista.

Creerse libre, independiente del Otro y por fuera de su determinación, es una ilusión pueril.

Dada su complejidad, lo inmoderado que la palabra libertad proclama, es una categoría que resiste la síntesis. El que avisa no traiciona, queda anunciado entonces el reduccionismo de lo que sigue, si bien, como es consabido siempre (y para ir entrando en tema) somos prisioneros de algún reducto.

Ya desde nuestro nombre, nombre propio le decimos, el que nos designa, nos topamos con la otredad, con lo que viene de otro lado, aquello que nos es dado, sin consultar con lo que denominamos nuestra voluntad.

 ¿Nuestra voluntad? Lo humano no puede definirse sino por aquello que, no siendo propio, lo constituye el lenguaje (si lo pensamos en clave lacaniana). En este sentido, no hay para el psicoanálisis un sujeto no subordinado a la alienación, el lenguaje o capturas imaginarias.

Muchas veces llegan al consultorio pacientes trillados por su sufrimiento, personas errantes cuyo destino malogrado se inclina siempre hacia las vicisitudes de la desventura, perseverando en el ámbito de la derrota, itinerario que invariablemente concluye de modo ruinoso.  Como Borges  afirma en el poema, “Alguien”; _ hay razones más terribles que tigres que le demostrarán su obligación de ser un desdichado_.Como  una trama donde un destino inexorable se repite y se repite.

En términos freudianos, nos encontramos con el determinismo psíquico, el autor de ese determinismo es el inconsciente, que sojuzga la libertad del hombre a condicionamientos que se le escapan, no pudiendo ser dueño de sí. Freud ha calificado este descubrimiento como una herida narcisistica, en el sentido de que el psicoanálisis le ocasiona al narcisismo humano una herida comparable a las generadas por los descubrimientos de Nicolás Copérnico y Charles Darwin. Si Copérnico  despoja al hombre del lugar de centro del universo, si Darwin lo despoja de su privilegio dentro de la creación, Freud lo despoja de su libertad.

¿Pero el determinismo psíquico deja un margen a la elección? ¿Somos una marioneta del inconsciente? ¿Nos encogemos de hombros ante la alienación?

Cada vez que escucho a alguien recurrir profusamente a la palabra libertad, velozmente desenfundo un escepticismo radical. No obstante, a esta altura es necesario decir que al hablar de determinismo, este no es estricto, hay posibilidad de elección, un margen de libertad. Hay también responsabilidad. Ya que el psicoanálisis nos presenta un sujeto que no puede considerarse amo y señor de sí mismo, de sus discursos y sus actos, pero tiene que hacerse cargo de aquello que lo determina como algo que también es “propio”.

Freud plantea que la ganancia que el análisis logra, se relaciona con un cambio que le permite al sujeto abrir el plano del encuentro contingente. Salir de las lógicas de la repetición, que  “lo obligan a la desdicha”, es decir, que los hechos que acontecen en la vida del sujeto perderían el peso de ser necesarios, inapelables. En este sentido hay un esclarecimiento de sus determinaciones. Perseverar en la neurosis, seguir cobardeando frente al deseo o elegir por otras satisfacciones será su responsabilidad. Podemos entonces, optar por ser menos tontos, lo cual, no es poco.


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