Psicología Martes 06 de Marzo

Belleza femenina, ¿opresión hacia las mujeres?

Constanza Galina Andrioli – Abogada. Psicóloga. Mediadora. Docente.

El imperativo de belleza discrimina: se les exige a ellas, no a ellos

Parafraseando a Susan Sontag, no está mal ser una mujer bella pero, es bueno ¿estar obligada a serlo? ¿Dedicar tanto tiempo y dinero a las exigencias de la estética de moda? La tecnología reproduce imágenes del modelo de mujer “deseado” y “deseable”, impuesto desde afuera por una mirada externa que no se sabe de dónde viene, ni quién es, y que es imposible de complacer.

Desde mediados del siglo XVIII, esos cánones estéticos se reproducen mediante grabados, impresiones, daguerrotipos. Actualmente, a través de la televisión y las redes sociales, con cuerpos y rostros ideales, resultado de los photoshop y tratamientos inaccesibles para las mujeres reales. Las cotidianas, en su mayoría apenas pueden disfrutar de un rato de horas libres para el ejercicio, el ocio y el cuidado de sí mismas.

Bello es lo que causa placer, sostenía Platón. Si así es, ¿quién tiene derecho a decir qué causa placer y qué no? La belleza es mucho más que la simple apariencia. Es un ordenador de comportamientos y en la cultura actual, consumista y sexista, es un modo de control social de las mujeres. Promueve la competencia y debilita la solidaridad entre ellas, razón por la cual se han prohibido muchos concursos de belleza, gracias a los reclamos feministas.

La belleza es un sistema de creencias, un conjunto de ideas mediante las cuales se impone un determinado aspecto físico en las mujeres y se promueve en los hombres el deseo de poseer a quienes la encarnan. El imperativo de belleza discrimina: se les exige a ellas, no a ellos. Sin embargo, los estudios antropológicos muestran que no fue siempre así. En las religiones matriarcales del Mediterráneo, eran las mujeres de mayor edad quienes elegían a sus amantes varones, más jóvenes y prescindibles. Algunas tribus africanas valoran la belleza masculina y promueven los concursos de belleza entre ellos.

La noción de la “hermosura” de las mujeres no está basada en criterios fijos y universales, sino en los valores que sustentan una cultura machista, en donde prevalece el dominio masculino y está naturalizada la objetalización de la mujer. Esto es: la construcción de un cuerpo femenino como un objeto para otros, siempre sometido a la aprobación de una mirada externa, que debilita la confianza en ellas mismas.

La noción de la “hermosura” de las mujeres no está basada en criterios fijos y universales, sino en los valores que sustentan una cultura machista.

Muchas mujeres viven a dieta, realizan ejercicios extenuantes, se someten a cirugías que ponen en riesgo sus vidas, gastan gran parte de su dinero o se endeudan para comprar cremas, cosméticos y objetos, en una espiral ascendente que parece nunca terminar. Sostienen una especie de subvida, condenadas a la permanente comparación con modelos ficticios, que las conduce, muchas veces a un estado de insatisfacción con ellas mismas. Se genera una obsesión con el físico, un terror al paso del tiempo y un miedo a ser descartadas por no lucir lo “suficientemente” bellas.

El control social sobre el cuerpo

Desde una perspectiva feminista, esta especie de esclavitud estética constituye un violento contragolpe contra la liberación de las mujeres. El culto de la domesticidad, con el cual, se oprimía a los sujetos femeninos fue sustituido por una suerte de “culto” a la belleza según la época.

Esta nueva forma de control social sobre el cuerpo de las mujeres se fortaleció después de la Segunda Guerra Mundial. En tiempos bélicos, ellas salieron a trabajar y ocuparon los puestos masculinos. ¿Cómo someterlas una vez que se liberaron de limitaciones, tabúes, mandatos? Mediante la construcción de una nueva mística de “lo femenino” que sustituyó a la labor doméstica efímera e interminable, por otra, la de una belleza que esclaviza.

La propuesta no es demonizar la belleza, ni las cirugías, tratamientos, dietas, sino tener como horizonte preservar la salud y poner límites a los excesos. Concientizar a los médicos sobre su responsabilidad en preservar la vida y el bienestar de las mujeres. Favorecer que ellas se interroguen a sí mismas y que busquen apoyo psicológico, de ser necesario, para esclarecer las cuestiones no resueltas detrás de la búsqueda de este ideal. Analizar los riesgos, en especial, el de muerte.

Estos tratamientos son positivos si son razonables y los cambios buscados mejorarán la salud, siempre que se tenga en cuenta que por sí solos no cambiarán la vida. En cambio, son negativos si se tienen expectativas desmedidas sobre los resultados; si detrás de los mismos, se oculta una manera de castigar al cuerpo, por ejemplo, con ayunos, dietas extremas, ejercicios excesivos, y percepciones erróneas de la propia imagen.

La consulta psicológica previa es vital si se están atravesando crisis subjetivas, para identificar las conflictivas psicológicas depositadas en el cuerpo, de manera de evitar que el ideal de belleza opere como opresión y violencia contra las mujeres, y contribuya al bienestar de los sujetos femeninos.

 


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