Psicología Miércoles 20 de Marzo

Los vínculos de la amistad en la niñez: “no hay yo sin otro” 

Juliana P. Duclos - Lic. en Psicología

Los niños aprenden a conocerse a sí mismos a través de los demás.

Decía Van Gogh: "¿Sabes lo que hace que desaparezca la cárcel? Cada afecto genuino y profundo. Ser amigo, hermano, amante, es lo que nos libera de la prisión. Sin estos afectos, uno está muerto. Pero cada vez que se reviven estos afectos, la vida renace."

Somos seres relacionales, desde antes de nuestro nacimiento nuestras vidas están atravesadas por un otro. Cuando nacemos el vínculo afectivo primordial será con nuestras figuras parentales, pero a medida que vamos creciendo nos vamos abriendo al mundo de la amistad.

La amistad es un lazo afectivo que se construye a lo largo de la vida y nos une a otras personas y, la diferencia con otro tipo de vínculos, es que en la amistad la relación es de igualdad, es recíproca y nos da sentido de pertenencia. La relación es entre pares, los niños aprenden a conocerse a sí mismos a través de los demás.

Está demostrado que los vínculos de amistad alivian el estrés, aumentan la autoestima y disminuyen los estados de tristeza.

En la infancia con los amigos y casi siempre a través del juego se aprenden valores que van a ser de gran importancia para nuestro crecimiento y desarrollo, tales como la contención, el compartir, la solidaridad, la cooperación y también aprendemos a esperar y a tolerar. Es un vínculo que nos ayuda a ponernos en el lugar del otro (empatía)  y hacernos eco de sus alegrías y tristezas. Muchas veces encontramos en nuestros amigos el bienestar y la satisfacción que faltan en otros ámbitos y se nos presenta una segunda oportunidad en nuestra vida para sentirnos amados y construir a partir de ese amor.  Está demostrado que los vínculos de amistad alivian el estrés, aumentan la autoestima y disminuyen los estados de tristeza.

Se despliegan en la amistad infinitas emociones positivas y negativas: el  amor, la angustia, el arrepentimiento, los celos, la furia, el cuidado, la correspondencia, la decepción, la generosidad, la humildad, entre otras. Muchas veces tendremos que aprender a regular alguna de dichas emociones para cuidar el vínculo. Por lo tanto, tener amigos también nos enseña a regularnos emocionalmente y reparar el daño que en ocasiones sin intención podemos hacer al otro.

El rol del adulto

Es importante que tanto padres como maestros y demás personas adultas, significativas en la vida del niño, ayuden a fomentar el vínculo de la amistad, para lo cual será necesario que se les enseñen a los chicos habilidades sociales, acciones que les permitan relacionarse con los demás de una forma  saludable. Por ejemplo, iniciar una conversación, saber escuchar, dar gracias, pedir perdón, pedir ayuda, entre otras cosas que son fundamentales para relacionarnos con los demás y ayudan también a comunicarnos emocionalmente, lo cual sabemos es de suma  importancia para nuestro bienestar.

Para concluir quiero resaltar que, personalmente creo que la amistad de la infancia cuando es verdadera perdura a través del tiempo. Un poco de lo que soy hoy se lo debo  a mis amigas de barrio Talleres, donde transcurrió mi infancia, Virginia, Eliana y Carina.  Aunque últimamente nuestros encuentros no sean tan seguidos como en aquellos días por las bifurcaciones que nos presenta la vida, igualmente siempre estamos allí para contenernos, cuidarnos, respetarnos, elogiarnos, perdonarnos y muchas cosas más que la amistad de la niñez nos enseñó.

 

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