Psiconeurología Lunes 31 de Agosto

Demasiado asustados para pensar

Raúl Alejandro Leani (Psiconeurólogo). Consultorios Barrio Martin.

Técnicas para tratar la ansiedad extrema en los exámenes

La voz de la mujer tenía un tono de preocupación y urgencia en el teléfono. Me llamó para concertar una consulta para su hija: “Necesito su ayuda”, me dijo. La muchacha vino sola. Me explicó la urgencia de la solicitud de ayuda; “dentro de un mes y medio tengo una mesa de exámenes, ya me presenté antes y  rendí mal, quedé paralizada ante los profesores, no pude hablar”. Me dijo angustiada que para ella era muy importante pasar el examen, que su padre y su madre contaban con ello. “Lo que pasa que me pongo tan nerviosa que no puedo recordar nada, la última vez que me presenté estaba en estado de pánico y no pude concentrarme para responder la mayoría de las preguntas a pesar de que había estudiado la materia”. Me contó que no podía dejar de pensar en su fracaso, incluso no estaba durmiendo bien. Le pregunté si se había preparado bien; me aseguró que tenía los conocimientos suficientes para aprobar el examen, pero que su nerviosismo la paralizaba.

La ansiedad en los exámenes es un problema común en niños, adolescentes y jóvenes. Un porcentaje importante de las personas no superan la ansiedad ante los exámenes aun cuando se van haciendo mayores.  Es habitual que quienes sufren este tipo de ansiedad (aclaro que es un verdadero sufrimiento), evitan enfrentarse a exámenes para no vivenciar ese intenso estado panicoso, que es vivido como un verdadero “vía crucis”, el problema es que  cada postergación no hace más que subir la escala de ansiedad. En el momento de renunciar a presentarse, la ansiedad baja y aparece el alivio, pero en la próxima mesa el miedo aumentará; es una espiral tortuosa que hay que detener.

Lo digo con la experiencia de haber sido estudiante y también docente en la universidad. En el caso de Noelia, el único obstáculo para superar con éxito el examen era su estado de ansiedad. Si Noelia hubiera sido tratada de su ansiedad ante los exámenes cuando todavía era adolescente, se hubiera ahorrado bastante tiempo, angustias, preocupaciones  y humillación. La muchacha me comentó que había tenido problemas desde niña con los test y las pruebas. “Cada vez que estaba ante esa situación me quedaba en blanco”, me dijo. Relató que su corazón latía fuertemente, transpiraba y pensaba aterrada, “no voy a aprobar el examen”. Había una situación evidente: la discordancia entre su valorable capacidad  y tenacidad para estudiar y su falta de serenidad ante ese momento culminante.

 

A pesar de las dificultades, Noelia había sido una estudiante sobresaliente en el colegio secundario, pero al precio de un alto sufrimiento personal. Ahora, en la universidad, donde la muchacha asume la total responsabilidad de sí misma porque está cursando una carrera que la pone de frente ante una futura inserción en el campo profesional, el compromiso y la responsabilidad se tornan apremiantes. 

Técnicas para tratar la ansiedad

Lo óptimo es comenzar a trabajar la ansiedad tres meses antes de los exámenes, más tratándose de uno importante. Este tiempo suele ser suficiente para reprocesar mediante Estimulación Bilateral Alternada (ESBA) y complementadas con otras Técnicas de Integración Cerebral (TIC). Es necesario abordar situaciones y recuerdos de experiencias personales que pueden haber contribuido a la ansiedad. Además, si aparece alguna situación inquietante, el estudiante tendrá tiempo suficiente para recuperar el equilibrio antes de presentarse a examen. Finalizar el reprocesamiento dos semanas antes de la fecha de la mesa, da la posibilidad que la ESBA pueda despejar recuerdos y minimizar situaciones perturbadoras. Necesito aclarar, que durante cada uno de los encuentros, propongo (además) al estudiante técnicas de metodología del estudio como refuerzo para estimular la sensación de calma y seguridad.

A veces surgen situaciones en que el distrés nos paraliza o nos invita a huir, por eso es tan importante hacer algo, moverse, ir hacia delante

Noelia exploró  con franqueza sus dudas y dificultades, la guié mediante la ESBA para fortalecer los sentimientos de alivio y relajación; esto despejó el camino para la baja de la ansiedad y consolidación paulatina de sensaciones de sentirse segura. Esta técnica genera estados integrativos e incluye la instalación de recursos positivos lo cual produjo en Noelia un cambio saludable  afirmando su autovaloración. Redescubrir su propio valor fue un paso trascendental. La induje a través de la ESBA a aumentar las cogniciones de competitividad y orgullo. Animé a Noelia a que viera “una luz al final del túnel”, “un paseo por el futuro”,  imaginando sus convicciones al finalizar el examen de que había dado lo mejor de sí misma.  

Noelia experimentó una sensación de alivio ante la idea de que podía aprobar el examen. Me confesó que cuando entró por primera vez en mi consultorio, “Tenía el miedo de decirle que la idea de dar lo mejor de mí en el examen no era una posibilidad real”. Comenzó con la idea negativa de sentirse incapaz de aprobar, pensando que se avergonzada porque sentía que había defraudado la confianza depositada en ella, hasta llegar a decirse a sí misma “soy capaz y tan capaz como otros estudiantes que aprueban, mis padres estarán orgullosos de mí”. La baja autoestima suele poner palos en la rueda de la vida, más tratándose de adolescentes y jóvenes que están haciendo sus primeras experiencias fuera del hogar. Noelia me comentó: “Estoy ansiosa por demostrar que puedo”. 

A veces surgen situaciones en que el distrés nos paraliza o nos invita a huir, por eso es tan importante hacer algo, moverse, ir hacia delante. “¡Yo puedo!”, es un mensaje de alto impacto en nuestro cerebro. Los adultos tenemos la misión y la responsabilidad de transmitirles a los jóvenes la ilusión, el entusiasmo y la esperanza porque tenemos esa experiencia vivida en nuestros años jóvenes. ¿Quién sino puede hacerlo? Noelia me dijo, “no me pasaré otro año con esto, me siento preparada y segura”. Se imaginó “sobrevolando” el problema; se sentía capaz de aprobar el examen. Lo supe definitivamente cuando el día del examen, por la tarde, se activó mi celular y ví en la pantalla que era ella quien me llamaba. Tuvimos posteriormente una sesión final para hacer un balance de cómo había vivido la experiencia; un comentario que me transmitió Noelia lo resume todo: “Aunque estaba un poco nerviosa, me sentí segura y preparada antes y durante el examen”. 


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