Psiconeurología Lunes 14 de Setiembre

En mi corazón siempre: Las heridas del duelo

Raúl Alejandro Leani (Psiconeurólogo). Consultorios Barrio Martin.

La ausencia definitiva de un ser querido lleva a algunas personas a asumir un nuevo significado de su vida

“Mi hijo murió en un accidente de tránsito”, me dijo. Me confesó que nunca antes había sentido semejante dolor. No encontraba consuelo para su ausencia. “Cuando veo a alguien en moto,  pienso que es él; ¿estoy loca doctor?”.  Le expliqué que es una reacción normal; un acontecimiento traumático suele producir imágenes ilusorias, se las llama flashbacks. “Jamás había sentido un amor tan grande como el que ahora siento por él”.  Su mente se abrió; no podía esconderse, no había dónde. No tenía otra opción que vivir la experiencia de la ausencia. La pérdida de un ser amado nos conecta con lo más esencial de nosotros mismos; el dolor y el vacío es tan grande como grande ha sido ese amor.

La potencia del sufrimiento de esa madre era tal intensidad que penetró en todos los rincones de su mente y de su cuerpo. “Me cambió definitivamente la vida; mi tarea pasó a ser el abrirme al corazón de los demás”, me confesó. Efectivamente, ése fue desde allí el camino que emprendió: ponerse en contacto, compartir y ayudar a los que sufren.

Una conmovedora leyenda, cuenta que un médico se enteró que había una laguna donde cada vez que un ángel agitaba las aguas, la gente se sumergía allí y se curaba. Entonces, el médico acudió y esperó que apareciera el ángel con la esperanza de verse curado de su melancolía y su remordimiento. El ángel apareció, pero detuvo al médico cuando estaba por sumergirse en las aguas; éste suplicó, pero el ángel le dijo que curarse no era para él, y el médico escuchó estas reveladoras palabras: “Sin tu herida, ¿dónde estaría tu poder? Es tu melancolía la que hace que el temblor grave de tu voz se adentre en el corazón de los que sufren; seres como tú pueden hacerlo porque es a ti a quien las ruedas de la vida han quebrado. En el servicio del amor sólo pueden servir los soldados heridos; retírate”. 

La pérdida de un ser amado nos conecta con lo más esencial de nosotros mismos; el dolor y el vacío es tan grande como grande ha sido ese amor.

Las pérdidas irremediables espejan ese lugar interior donde habita el amor; también ilumina la oscuridad del camino del duelo que nos orienta a la aceptación definitiva de las ausencias sin retorno. El dolor de esta madre era de tal magnitud que la obligó a abrirse a sus sentimientos como nunca lo había hecho. “Permita que su sufrimiento se exprese, permítase sentir, nada de falsa fortaleza”, le dije. Cuando esto ocurre, sucede   algo profundo, el duelo se abre camino al corazón y ya no se experimenta como algo separado, sino como una conexión esencial en donde sólo queda el amor, un amor puro. El vacío y el abismo se desvanece; es una profunda experiencia de trascendencia espiritual y existencial: ¿Para qué estamos aquí? ¿Por qué a veces duele tanto estar vivo?, nos preguntamos. Necesitamos saber que estamos en el corazón del otro, que significamos algo para el otro. “No lloro por vos, lloro por mí porque ya no estoy en tu corazón”, escribió Luigi Pirandello. 

Ya se trate de vínculos familiares o amor de pareja, éstas son experiencias que nos conectan con nuestras emociones más profundas. La ausencia definitiva de un ser querido lleva a algunas personas a asumir un nuevo significado de su vida, entonces se abre un nuevo espacio psíquico que cicatriza los sentimientos heridos del cual salen fortalecidos. Podemos comenzar a sentir que todos los seres están adentro de nosotros. Para algunas personas es una especie de viaje subterráneo a las raíces del árbol de la vida; despiertan a pensamientos y sentimientos revitalizadores que nunca antes habían experimentado. Mensaje: no ocultes tus emociones.

Una vez, para mi sorpresa, una mujer me dijo con absoluta franqueza: “No quiero que me trate, quiero que me escuche, me cuide y me atienda”. En el fondo, todos necesitamos ser amados, mimados y tenidos en cuenta; el niño que hemos sido permanece intacto en nuestra memoria emocional. Cuando perdemos a un ser amado, la vida deja de ser predecible y segura; nos embargan sentimientos de impotencia, desamparo e injusticia. El impacto traumático de  la pérdida suele congelar el duelo. 

El método EMDR complementado con Focusing ayuda a personas atormentadas por el sufrimiento emocional a encontrar nuevamente el camino de la vida. De niño he sido sensible al sufrimiento de los demás; lo aprendí de mi padre quien era abierto y comprensivo en la relación de persona a persona; era un hombre de corazón grande y bondadoso.  He compartido con muchas personas que han sufrido mucho más allá de lo tolerable; una pérdida los arrojó al pozo de la desesperación. Pero puede ser el comienzo del que nos hablan las biografías de los santos: la redención que da acceso a un mundo interior nuevo, rico, pacificado. Entonces, el ave fénix renace


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