Psiquiatría Martes 14 de Febrero

Dime qué piensas y te diré cómo vives

Luis Sonnet - Médico Psquiatra

Ante un problema, siempre podemos trabajar sobre las repercusiones en nuestro mundo interno.

Tal vez hayan oído el dicho: “No existen problemas sino situaciones”. Podemos agregar que un problema es una situación concreta a la que hemos reaccionado con una emoción negativa. Todo problema tiene una parte objetiva y una parte subjetiva, es decir, lo que pasó o está pasando (pérdida, enfermedad, injuria, abuso, etc.) y lo que nos está pasando a nosotros anímicamente (ira, tristeza, miedo, culpa, etc.), o sea, cómo lo sufrimos. Si hemos perdido algún objeto, capacidad o persona de nuestro aprecio, ste es el hecho objetivo, y la tristeza o enojo que sentimos al respecto es el hecho subjetivo. Juntos, lo externo y lo interno, forman lo que llamamos “problema”.

Si una situación no nos genera ningún sentimiento negativo, no será un problema para nosotros. El grado en que un acontecimiento nos afecte emocionalmente, dependerá del significado que éste tenga para nuestra mente, y dicho significado o valoración de los hechos de la vida depende del modelo mental que tengamos del mundo y de nosotros mismos. Este modelo mental son ideas acerca de cómo son y cómo deben ser las cosas y las personas. Son los llamados juicios de valor: asignamos a las cosas y las personas una etiqueta de bueno o malo, correcto o incorrecto, lindo o feo, etc. Según sea la visión del mundo será nuestra reacción emocional: negativa, neutra o positiva.

Nosotros somos los principales agentes causales de nuestra vida, para bien y para mal. 

De manera que un problema tiene dos partes. Sobre la parte objetiva podremos hacer algo o no, dependiendo de la naturaleza del hecho en sí. Sobre la parte subjetiva, siempre podemos hacer algo. Aunque no podamos modificar lo que ha ocurrido o está ocurriendo en el mundo externo, lo que incluye nuestro cuerpo físico, siempre podemos trabajar sobre las repercusiones en nuestro mundo interno. Es como si arrojaran piedras (situaciones) en un estanque de agua (nuestra mente) creando ondas (emociones). El secreto es enfocarse y trabajar no tanto en las piedras, sino en las ondas. Al conseguir un estado de mayor ecuanimidad, es decir, estabilidad emocional, podrán seguir cayendo piedras en nuestro estanque, pero habrá una menor formación de ondas o emociones. Entonces, se trata de cómo aquietar nuestras aguas, porque “piedrazos”, los recibimos constantemente. La vida es un desafío constante.

El camino más rápido y seguro es revisar nuestros juicios e ideas acerca de la vida, el mundo, las personas y nosotros mismos, para desprogramarlos posteriormente con técnicas apropiadas. Normalmente encontraremos que muchas de estas ideas se originaron en nuestra niñez. Ideas que actualmente estás desactualizadas pero aún vigentes y que actúan desde los niveles inconscientes de la mente. A partir ciertas experiencias dolorosas tempranas, sacamos conclusiones que se grabaron a fuego en nuestro subconsciente: “Yo no soy lo suficientemente bueno”, “No merezco ser feliz o amado”, “La gente no es de fiar”, “El mundo es un lugar peligroso”, y creencias por el estilo.

Vivimos con la visión mental de un niño pequeño… y sufrimos por ello. Estas ideas infantiles no sólo son anticuadas, sino también estrechas, dándonos una perspectiva limitada y angustiante. Y además funcionan como profecías autocumplidas: siempre están atrayendo y generando situaciones que las confirmen. Si tenemos la idea de los demás no nos quieren, nuestra propia actitud odiosa hará que los otros se aparten de nosotros. De modo semejante ocurre con el paranoico que tiene una actitud de recelo hacia los otros, la cual genera los comportamientos que él tanto teme y que terminan por reforzar su paranoia. Los demás funcionan en gran medida como espejos que reflejan lo que sentimos y pensamos. Nosotros somos los principales agentes causales de nuestra vida, para bien y para mal. Un signo de madurez es reconocer esto y asumir la responsabilidad por nuestra vida en lugar de culpar a nuestras proyecciones. 


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