Psiquiatría Viernes 11 de Noviembre

Tálamo, emociones y dolores crónicos.

Luis Sonnet - Médico Psquiatra

¿Por qué la emoción aumenta o sostiene el dolor?

El tálamo es una estructura nerviosa situada en la zona media del cerebro. Recibe y procesa la mayor parte de la información sensitiva destinada a la corteza cerebral, donde reside nuestra conciencia. Los estímulos dirigidos a la corteza, incluidos los del dolor, se filtran en el tálamo, donde se decide si terminan su recorrido o si continúan hasta hacerse concientes. El tálamo participa en la percepción conciente del dolor y en la generación del dolor crónico (ya sean cefaleas, neuralgias, dolores musculares o articulares), subiendo o bajando el “volumen” de nuestra sensibilidad al dolor. El Síndrome del Dolor Talámico es un caso extremo en el que una patología, tal como un accidente cerebrovascular (ACV), afecta la estructura misma del tálamo y éste pierde en sumo grado su funcionalidad. Un dolor que persiste semanas o meses después de ocurrido un ACV, es indicativo del dolor talámico. Sin embargo, en la enorme mayoría de los casos de dolor crónico, el tálamo sólo está afectado parcialmente en su capacidad de filtrar con eficacia los impulsos dolorosos que llegan a la conciencia. En estos casos, el objetivo es normalizar la regulación talámica del dolor, lo que equivale a subir el umbral del dolor ante los estímulos.

Con la mediación del tálamo también se produce la respuesta emocional a las sensaciones. El dolor es una experiencia sensorial y emocional. Casi siempre existe una sensación, el dolor en sí, y una emoción asociada, ya sea irritabilidad, ansiedad, miedo o tristeza. La respuesta emocional a la sensación dolorosa la transforma en sufrimiento. El dolor en sí mismo no es sufrimiento: se torna sufrimiento cuando le añadimos una emoción negativa. El estudio del cerebro en pacientes con dolor, demostró que se activan tanto las áreas cerebrales de dolor como las que generan emociones. Esto confirma nuestra definición del dolor como una experiencia sensorial y emocional. ¿Cuál es la utilidad de esto? Esto tiene enormes implicancias terapéuticas, sobre todo en los pacientes con dolores crónicos, debido a que en estos pacientes se ha establecido un círculo vicioso entre dolor y emoción. El dolor provoca una respuesta emocional, y esta respuesta emocional genera más dolor (o al menos lo sostiene en el tiempo). Es una especie de circuito cerrado que se alimenta a sí mismo. ¿Por qué la emoción aumenta o sostiene al dolor? Porque la emoción negativa hace bajar el umbral de dolor (es un mecanismo de defensa para detectar amenazas), reforzando así el desequilibrio talámico (es como echar combustible al fuego).

La conexión con la piel

La manera de regular el tálamo es a través de la piel, ya que ésta se halla conectada a dicho órgano por fibras nerviosas específicas que corren por el llamado Sistema Espino-Talámico (SET). Este sistema modula la percepción del dolor.

Sobre la piel existen zonas específicas con resistencia eléctrica disminuida que corresponden a formaciones microscópicas denominadas Complejos Neurovasculares (CNV). La estimulación de estos complejos modifica la función de los órganos internos, tales como el tálamo. Los puntos cutáneos son comparables al teclado de una computadora que actúa sobre la totalidad del cuerpo y la mente a través del SET. Este teclado de computadora sobre la piel permite tratar tanto el dolor agudo como el crónico, así como diversos trastornos físicos y mentales.

Citamos un caso clínico que sirve como ejemplo de los pacientes tratados a diario: Se trata de la señora M., de cincuenta y cinco años de edad, que concurrió a la consulta por padecer migrañas desde hacía seis años. Además del dolor crónico, esta paciente sufría un estado de angustia de larga data, que precedía incluso a las cefaleas. Desde nuestra perspectiva, las cefaleas y la angustia se estaban alimentando entre sí, de manera que procedimos a tratarlas simultáneamente mediante la estimulación de los puntos cutáneos correspondientes. El resultado terapéutico fue la mejoría notable en el corto plazo no sólo de las cefaleas, sino también de la ansiedad crónica. La enfermedad  es una sola, pero se manifiesta de diversas formas. El éxito terapéutico reside en atender la totalidad del enfermo con los instrumentos adecuados.   


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